En conferencia organizada por CIENCIACTIVA del CONCYTEC, la Dra. Ruth Shady, Directora de la Zona Arqueológica Caral y Punto Focal Peruano del Programa Mujeres para la Ciencia de la Red Interamericana de Academias de Ciencias (IANAS), expuso sobre la participación de las mujeres a lo largo de la historia del Perú y realizó una aproximación al estado actual de la misma. La Dra. Shady también comentó acerca de la importancia de visibilizar e impulsar la participación de las mujeres en la generación de conocimiento científico en nuestro país.
La reunión realizada el pasado 15 de setiembre de 2016, estuvo presidida por la Presidente del CONCYTEC, Dra. Gisella Orjeda, quien destacó el rol de las mujeres en temas de ciencia e innovación en el Perú. El encuentro también contó con la participación de importantes investigadoras como: Magally Alegre, Subdirectora de la Cátedra UNESCO de Igualdad de Género; Johanna Johnson, Directora de MacTec Perú, iniciativa que busca incentivar la participación de más niñas en la ciencia; y Libia Meza, líder de Yachaq Warmi, comunidad que busca ser una ventana para compartir la información de peruanas científicas.
Durante el evento también se realizó la presentación del premio LÓREAL PERÚ-UNESCO-CONCYTEC “Por las Mujeres en la Ciencia”, reconocimiento que se otorga a las científicas peruanas dedicadas a la investigación en áreas de ciencias de la vida y la arqueología.
El premio es concedido a dos ganadoras y asciende a la suma de S/. 45,000.00, entregados a cada una de las seleccionadas. La postulación se realiza a través del sistema de postulación en línea de CIENCIACTIVA del CONCYTEC. Un requisito importante para acceder al sistema es que la postulante debe estar registrada en el Directorio Nacional de Investigadores (DINA) donde el 34% de los usuarios son mujeres.
La fecha de cierre de postulación es el miércoles 05 de octubre de 2016 a la 1:00 p.m.
La Zona Arqueológica Caral (ZAC) presenta los resultados del trabajo de investigación, conservación y puesta en valor en el «III Congreso Nacional de Arqueología», encuentro arqueológico más importante del país, en el que se presentan los resultados de las investigaciones realizadas por especialistas nacionales e internacionales e iniciativas comprometidas con la promoción y protección del patrimonio arqueológico. Este evento es organizado por la Dirección General de Patrimonio Arqueológico Inmueble del Ministerio de Cultura.
La Dra. Ruth Shady, Directora de la Zona Arqueológica Caral y el Mg. Carlos Leyva, Subdirector de Relaciones Comunitarias de la ZAC presentaron la ponencia: «Los valores de la Civilización Caral para fomentar el bienestar social», durante el Simposio UNESCO: Educación y Patrimonio, realizado el martes 13 de setiembre del 2016.
En la jornada de hoy, jueves 15 de setiembre del 2016, durante el Simposio de Arqueología Regional de la Costa Central , se presentará la ponencia: «El rol de la investigación arqueológica de la Civilización Caral en la sociedad actual», a cargo de la Dra. Ruth Shady; el Lic. Marco Machacuay, Subdirector de Investigación, Conservación y Puesta en Valor de Sitios Arqueológicos y el Lic. Pedro Novoa, Subdirector de Investigación y Conservación de Materiales Arqueológicos de la ZAC.
El evento se extenderá hasta el 16 de setiembre en la sede del Ministerio de Cultura.
El complejo de edificaciones se encuentra en la localidad de Végueta, a tres horas de Lima.
Hace nueve años, la destacada arqueóloga Ruth Shady, encargada de las investigaciones de la cultura Caral (3000-1800 a.C.), la civilización más antigua del continente, ubicada en Barranca (Lima), aceptó la invitación del entonces alcalde de Végueta, José Li Nonato, para analizar unas construcciones que existían en su localidad. Es así que, con un pequeño equipo y pocos recursos, se descubre Vichama, un sitio arqueológico que data de 2800 a.C., cuyos nueve edificios muestran temas actuales que ya se trataban en el pasado: la interculturalidad, el problema del cambio climático y la igualdad de género.
El pasado nos habla
Los descubrimientos en Vichama, de acuerdo a Shady y su equipo de arqueólogos, muestran que esta civilización agrícola y pesquera se caracterizaba por tener relaciones con otras culturas, como Caral, por medio del trueque, la colaboración y comercio.
Asimismo, se halló que esta sociedad se enfrentó a problemas sobre el cambio climático al observarse, en el Edificio Principal, relieves con figuras de adultos y niños que habrían muerto por hambruna. Esta interpretación nace de la presencia de imágenes de hombres con el estómago vacío y esqueletos cerca de ellos.
Otro descubrimiento importante es que la mujer ocupaba un papel importante dentro de la sociedad al verse representada en esculturas como una importante sacerdotisa. Ello significaría la existencia de igualdad de género en esta sociedad.
El viceministro de Interculturalidad del Ministerio de Cultura, Martín Luna, quien visitó Vichama por las celebraciones del noveno aniversario de las investigaciones en agosto pasado, declaró a Perú21 que este sitio arqueológico es una “fuente de enseñanza de ciudadanía, de fortalecimiento de identidad y de valores”.
Estos descubrimientos, sin embargo, no fueron nada fáciles, debido a que existían casas construidas cerca del sitio arqueológico que dañaron estas milenarias edificaciones, según declaró la Dra. Shady a este medio. “Destruir un sitio arqueológico es como quemar un libro de historia que nadie más va a conocer” comenta la arqueóloga.
Pese a todo, la Dra. Shady es optimista y destaca que los descubrimientos en Vichama pueden contribuir a comprender la historia y servir de reflexión en el presente. Aprendamos entonces de las lecciones de nuestros antepasados.
El mito de Vichama
La historia de Vichama fue registrada en el siglo XVII por fray Antonio de la Calancha, por intermedio del padre Luis Felipe Teruel, encargados de adoctrinar en la fe católica a a los pobladores de la costa norcentral.
En esta narración se explica que durante una gran sequía, sobrevivió solo una mujer, quien dio a luz un hijo del dios Sol. Al enterarse de la existencia del niño, el dios Pachacamac, ciego de celos, lo asesinó y lo despedazó creando así los alimentos de origen vegetal.
La mujer clamó por su pérdida y el dios Sol le hizo engendrar un nuevo niño al que llamó Vichama, palabra que significa pescador según el lingüista Alfredo Torero.
Vichama creció rápidamente y decidió recorrer el mundo como su padre el Sol. Pachacamac, aprovechando la ausencia del joven, asesina a la mujer. Al regresar Vichama, encuentra el cadaver de su madre.
Al no poder vengarse porque Pachacamac escapó al sur, Vichama convirtió en piedras a los pobladores y al curaca de ellos, Anat, isla que hoy lleva ese nombre. Luego, Vichama, arrepentido por estos ataques contra personas que no tenían culpa de nada, resucita a su madre y con ayuda del Sol crea una nueva humanidad a partir de tres huevos de oro, plata y cobre.
Vichama cambia la historia, por Peter Kaulicke (Arqueólogo)
Los hallazgos en Vichama tienen que verse en contexto con otros sitios arqueológicos en los que ha trabajado la Dra. Ruth Shady como Supe, Aspero y, sobre todo, Caral, pues Vichama está cambiando bastante la historia temprana de las culturas complejas. Antes se pensaba que estas zonas de Perú, en general, tenían una importancia grande en épocas tempranas. Pero la Dra. Shady ha demostrado que existe un núcleo de desarrollo muy temprano.
Vichama tiene sus diferencias evidentes a otras civilizaciones en arquitectura y también en la cultura material, por lo tanto, guarda una especie de vínculo con la cerámica de Chavín. Antes se pensaba que Chavín era una de las civilizaciones más antiguas, pero con lo descubierto en Vichama ya no se puede sostener ello.
Ministerio de Cultura invita a población a participar de Viajes Educativos
El Ministerio de Cultura destacó que las visitas turísticas a Caral promueven el desarrollo socioeconómico de la población que vive alrededor de la ciudadela, por lo que recomendó a los peruanos a participar de los programas de viajes educativos y recorran esta ciudad sagrada.
La Zona Arqueológica Caral (ZAC), unidad ejecutora del Ministerio de Cultura, está dedicada desde hace 22 años a las actividades de investigación, conservación y difusión, al país y al mundo, de los valores sociales y culturales de la civilización más antigua de América; y a la aplicación de un programa de desarrollo socioeconómico en las poblaciones del entorno, sobre la base de la puesta en valor del patrimonio arqueológico.
En ese sentido, la ZAC ha organizado el Programa de Viajes Educativos como un servicio cultural orientado a la difusión de la historia social recuperada en la ciudad sagrada de Caral y los centros urbanos de la civilización Caral: Áspero, ciudad pesquera y Vichama, civilización Agropesquera de Végueta-Huacho, Huaura; así también busca promocionarlos como destinos turísticos.
Viajes educativos
El Programa de Viajes Educativos promueve la participación de la población rural-local que habita en el área de influencia de los sitios arqueológicos, procurando su desarrollo socioeconómico.
Los programas que participan son: Asociación Vianderas de Caral, población femenina de los centros poblados del valle de Supe que venden potajes típicos de la culinaria local, a los turistas que llegan a la ciudad sagrada de Caral.
También la Asociación Puntapaj: orientadores turísticos locales del valle de Supe que prestan el servicio de guiado a los visitantes. Es una organización a la que se les ha capacitado en técnicas de manejo de grupos, primeros auxilios y en el conocimiento de los valores históricos y culturales de la civilización Caral.
El programa se desarrolla en un día e incluye: transporte, guiado, almuerzo y tickets de entrada a los destinos de la Civilización Caral. Las salidas son semanales, todos los sábados y domingos de cada mes.
La programación mensual y el itinerario de cada salida se publica en la página web www.zonacaral.gob.pe/viajes-educativos/ o en la Oficina de Promoción Turística de la Zona Arqueológica Caral al 955 881 340 o al correo viajeseducativos@zonacaral.gob.pe
En el 2009, la ciudad sagrada de Caral fue declarada como Patrimonio Mundial por parte de la Unesco, distinción que beneficia a nuestro país y reconoce el valor universal excepcional de Caral.
La novelista y artista plástica peruana María Martha Calvo presentó, en la sede de la Secretaría General de la CAN, su obra “Ciudad Madre”, novela histórica que narra la cotidianeidad de una familia en la ciudadela de Caral y el éxodo que inició el clan, forzado por los cambios climatológicos, hace más de 5000 años.
La presentación contó con la participación del Exviceministro de Interculturalidad del Perú, José Carlos Vilcapoma; la Directora de la Zona Arqueológica Caral, Ruth Shady Solís; el Director del Colegio Santa Margarita, Edistio Cámere de la Torre Ugarte y la autora María Martha Calvo; quienes comentaron sobre la obra literaria iniciada hace 6 años y que fue publicada por la Editorial Argos.
Durante la presentación se destacó el trabajo creativo de Calvo, por narrar una historia basada en investigaciones arqueológicas, históricas y antropológicas; además de resaltar los valores familiares, sociales y humanos, que sirven de inspiración para las actuales generaciones.
Así también, participaron de la presentación el Embajador de Bolivia en el Perú, Gustavo Rodríguez; el Secretario General, Walker San Miguel y los Directores Generales, Luz Marina Monroy y Elmer Schialer.
San Miguel, remarcó la importancia del mundo andino: “este mundo telúrico, que une la selva con la costa, la sierra, de las montañas andinas, de tanta geografía y cultura; elementos de donde surge la Civilización de Caral”. Así también, manifestó que “Ciudad Madre” es una novela histórica que nos permite “aprender y admirar” sobre una sociedad que se destaca entre las más antiguas del mundo.
“Ciudad Madre” describe el origen milenario del proceso de integración cultural en la Región Andino-Amazónica, espacio compartido por Bolivia, Colombia, Ecuador y el Perú; Países Miembros de la Comunidad Andina.
Complejo arqueológico celebra noveno aniversario de puesta en valor y revela hallazgos.
La finalidad de poner en valor un sitio arqueológico como Vichama no consiste solo en apreciar los monumentos, sino que a través de ellos se conozca la historia que hizo posible su construcción y porqué sus características y los cambios que se fueron dando a través del tiempo. Comprender nuestra historia para que nos sirva de reflexión en el presente, enfatizó hoy la directora de la Zona Arqueológica Caral, arqueóloga Ruth Shady.
Agregó que esa es la razón por la que se construyen museos donde están los sitios arqueológicos, no solo para que se admiren las figuras que allí se conservan, sino lo que hizo posible para que esas figuras puedan ser manufacturadas o esos materiales tengan un contenido que permitan conocer una historia social.
“Tanto los museos como los sitios arqueológicos son los medios de transmisión de esa historia que debemos conocer para evaluar lo que se hizo y lo que hacemos”, subrayó en diálogo con la Agencia Andina.
Refirió que Vichama se construyó alrededor de 1,800 años antes de Cristo y duró más de 300 años. “Es un asentamiento arqueológico posterior a Caral, pero que conserva algunos elementos de aquella civilización”, manifestó.
Destacó la magnificencia de la arquitectura de Vichama, gracias a sus pirámides y plazas circulares que son herencia de una tradición cultural forjada en Caral.
Shady y su equipo, conformado por los arqueólogos Ademar Crispín y Pedro Novoa, encabezó un recorrido por el circuito acondicionado para conocer los avances en las exploraciones e investigaciones en este complejo arqueológico.
En este noveno aniversario, el asentamiento arqueológico Vichama recibió numerosos visitantes nacionales y extranjeros, quienes mostraron su admiración por la arquitectura, los frisos con figuras en alto relieve y los diversos objetos encontrados en las excavaciones.
Entre las autoridades presentes estuvieron el viceministro de Interculturalidad del Ministerio de Cultura, Alfredo Luna Briceño, quien recordó que la responsabilidad de proteger el patrimonio cultural del país es responsabilidad de las autoridades en sus diferentes niveles, así como del propio ciudadano.
Respecto a Vichama resaltó que este sitio arqueológico ostenta mucha relevancia porque nos enseña los valores de una sociedad en donde se afirman la equidad de género, el valor de la herencia mediante la conservación de los vestigios pese al impacto de los cambios climáticos ocurridos a lo largo de la historia.
Otra de las personalidades presentes fue el director de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Carlos Valdez Espinoza, quien en conversación con la Agencia Andina destacó los aportes culturales, arquitectónicos, escultóricos y también estéticos muy importantes en Vichama y la Civilización Caral.
“Es impresionante ver en Vichama todos los murales que tienen una parte escultórica y simbólica muy importante y que está geográficamente muy cerca de la ciudad capital. Los que estamos vinculados a las artes es como encontrar nuestras raíces estéticas y eso tiene una importancia sin igual”, manifestó.
También participó del recorrido en este noveno aniversario, el cónsul general de Costa Rica, Charles Hernández Viale, quien se mostró gratamente asombrado por los hallazgos que exhibe el complejo Vichama y que, según dijo, es una muestra representativa de la vasta riqueza cultural milenaria que caracteriza al Perú.
Sostuvo que Vichama no solo contiene información muy importante para comprender la génesis de la civilización asentada en territorio peruano, sino que forma parte del pasado universal. “El Perú es una nación digna de conocer y admirar. Culturalmente es una mina de oro”, expresó en entrevista con la Agencia Andina.
Puesta en valor y hallazgos
Esculturas elaboradas en arcilla no cocida e instrumentos musicales de viento hechos con hueso de mamífero, decorados con el rostro de un felino, son algunos de los hallazgos que revelan el vínculo entre la Civilización Caral y Vichama, sociedad agropesquera de Végueta-Huacho, revelan las investigaciones que cumplen nueve años.
Shady, reveló que ambas sociedades compartieron creencias y manifestaciones ideológicas y explicó que esta vinculación se extendió a lugares más lejanos en la sierra y selva de nuestro país.
“Prueba de ello son los diseños y materiales con los cuales confeccionaron los objetos encontrados, tanto en el litoral como en el valle de Supe. La importancia de estos hallazgos radica en que nos ayudan a conocer aspectos de la organización social y del sistema religioso de la sociedad de Vichama”, manifestó.
Rol de la mujer en Vichama
La directora de la Zona Arqueológica Caral explicó que la mujer tuvo un papel trascendente, con equidad de género en esta civilización. “Aparece una mujer muy importante, una especie de sacerdotisa y es recurrente en varios edificios del asentamiento y del valle de Supe, por lo que podemos inferir que lograba ocupar posiciones políticas importantes dentro de la sociedad”, señaló.
Cambio climático
Otra característica que destaca entre los hallazgos de Vichama, está asociado al cambio climático y la importancia que tuvo el recurso marino para supervivir frente a la sequía y le crisis del agro. Esa memoria colectiva está registrada en 34 figuras modeladas en un salón ceremonial del sitio, que representan todos los efectos dramáticos de este fenómeno natural.
“Por eso es muy importante que se conozca este sitio porque de ese modo, se podrá también reflexionar sobre el cambio climático en el futuro, ya que estos pueden perdurar entre 60 y 120 años, según las investigaciones científicas”, sostuvo Ruth Shady.
Posterior a ese cambio climático, se aprecia que el edificio principal de aquella época fue enterrado completamente y se construyó uno encima con la fachada hacia el lado este, que es por donde fluyen los ríos. Con una visión de querer contrarrestar al cambio climático, la sociedad Vichama cambió la arquitectura.
También se han descubierto una serie de rasgos e íconos provenientes de la Amazonia. Existen evidencias que ha habido una relación transversal entre la costa y la selva que sobresale por una reciprocidad intercultural entre ambas regiones en condiciones de paz, sin sometimientos.
La importancia de la música, es otra particularidad que revelan las investigaciones en Vichama. Se han encontrado una serie de flautas traversas con representaciones similares a las de Caral, lo que demuestra la importancia que ha tenido la interacción entre los humanos y sus deidades a través de los sonidos.
Sostuvo que la investigación arqueológica y los trabajos de conservación de los monumentos de Vichama, buscan recuperar y poner en valor los diversos conjuntos de edificios públicos y residenciales que componen este sitio arqueológico.
Entre los recintos destacan el edificio “Las Hornacinas”, en el cual se encuentran el Salón Ceremonial con Relieves Murales y el Salón Ceremonial del Sapo Humanizado; así como el edificio “Las Chakanas” y el edificio “Los Depósitos”.
Celebraciones
En las celebraciones del noveno aniversario iniciadas ayer viernes 26, se realizó un concurso y paseo de faroles. Se premiará el farol más creativo que integre en su manufactura elementos culturales de Vichama.
Asimismo, se escenificó el “Mito Vichama”, a cargo de los estudiantes del colegio Fray Melchor Aponte, de Végueta, y del personal de la Zona Arqueológica Caral-sede Vichama, bajo la dirección de Freddy Pajuelo, profesor de teatro del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional “José Faustino Sánchez Carrión” de Huacho.
También se realizó una ceremonia tradicional de agradecimiento. Se trata de un ritual de la tradición andina mediante el cual se agradece por los bienes recibidos y de renovación, a cargo del Ayllu Surimanta. Luego se escenificará la danza festiva “Chimaychi.
Hoy sábado se realizó el festival cultural “Vichama Raymi”, así como la presentación de los valores culturales y sociales de Vichama a través de la visita guiada al Museo Comunitario de Végueta para una aproximación al conocimiento del sistema social que se viene recuperando en Vichama.
También se visitó el sitio arqueológico de Vichama para apreciar mediante los resultados de la investigación y conservación de los monumentos, la historia social de este importante centro.
Otra actividad programada desarrollada fue “Catu Vichama”, exposición y venta de productos artesanales y agropecuarios de los pobladores de Végueta, Huaura, Huacho, Carquín, Caleta Vidal, Supe-Caral y Supe Puerto. En esta feria se apreció los productos de los pobladores y creaciones de los participantes en los talleres de responsabilidad social que la Zona Arqueológica Caral desarrolla.
Las celebraciones culminaron con el “Runa Raymi” con presentaciones artísticas de la población local y del taller de tradición musical sobre los orígenes de la civilización Caral y artistas invitados, inspirados en el patrimonio cultural de Vichama. También participarán las danzas creativas de los trabajadores de las sedes de la Zona Arqueológica y los caballos de paso del fundo El Olivar.
Cómo llegar a Vichama
Para conocer Vichama, se debe ingresar por la antigua carretera Panamericana Norte, a la altura del kilómetro 159, al distrito de Végueta. Se sigue por una vía señalizada hasta el sitio arqueológico. El tiempo estimado de viaje desde Lima es de tres horas.
La civilización agropesquera de Vichama, cuya antigüedad se remonta al año 1800 a. C., se desarrolló en el distrito de Végueta, provincia de Huaura, Lima. Con elementos de continuidad de la civilización Caral, ofrece un testimonio del pasado que alcanza al presente.
Ningún otro lugar como el sitio arqueológico de Vichama ofrece un registro tan crudo de lo que significó el cambio climático en nuestra historia. “Encontramos la representación de 34 figuras famélicas en un edificio piramidal que tenía fachada hacia el norte”, comenta la arqueóloga Ruth Shady, directora de la Zona Arqueológica Caral (ZAC), Unidad Ejecutora N° 03 del Ministerio de Cultura.
“En Vichama, el cambio climático causó crisis y colapsos en las poblaciones, como puede verse en los cadáveres con costillas y estómagos huecos. Pero también se observa a jóvenes entre dos pescados, como indicando que los recursos marinos contrarrestaron esos efectos”, precisa Shady.
Los investigadores coinciden en que hacia el año 1800 a. C., cuando se desarrolló el sitio de Vichama, se produjo una etapa de cambio climático en todo el mundo. Por eso, las figuras representan a 17 adultos muertos, pero también a 17 jóvenes entre recursos marinos, como si ello hubiese permitido mitigar la sequía que colapsó la civilización Caral en el valle de Supe. Cuando el agua retorna, representan un sapo al que le cae un rayo en la cabeza, lo que signiica la lluvia.
Los cambios climáticos han tenido efectos dramáticos en nuestra historia. “Lo vimos en las civilizaciones Moche y Tiahuanaco. Se presentan de manera cíclica y causan colapso en nuestra civilización en diferentes períodos del proceso cultural andino”, refiere la arqueóloga.
Equidad de género
Aunque parece un tema actual, en la civilización Caral está presente la equidad de
género. “Encontramos estatuillas de mujer con las mismas características en varios edificios, los que nos hace ver que tenían acceso a posiciones sociales de importancia”, acota Ruth Shady.
Recuerda, entonces, que los cronistas españoles, al llegar al Perú, encontraron mujeres con cargos políticos –las capullanas del norte–.
Y decían que los hombres de estos lugares era débiles porque permitían que las mujeres también gobernaran. “Hemos tenido una tradición de equidad de género; es el segundo mensaje de Vichama”, subraya.
Una de las ofrendas halladas en el sitio son las estatuillas de un hombre y una mujer.
Un hombre importante, con orejeras y collar, que mira a una mujer con miedo; ella tiene dos collares y una mantilla similar a la de la coya, la esposa del inca. Estas estatuillas fueron consideradas uno de los diez hallazgos inolvidables del año 2015 por la revista National Geographic.
Shady explica que la coya tenía un rol muy importante en el imperio, pues intercedía cuando había conlictos entre naciones, como lo haría ahora un ministro de Relaciones Exteriores. “La mujer tenía participación. Lo vemos desde Caral, en Vichama y en la cultura Moche, en Lambayeque, mil años después, en diferentes sociedades y culturas”, refiere.
De la Selva
En Vichama hallaron también elementos culturales de la Selva. “Plumas de guacamayo, el mono aullador, caracoles y achiote. Es frecuente ver personajes con los rostros y cabellos pintados, o con los rostros con puntitos blancos y rojos. La mujer con pelo rojizo y el hombre con pelo amarillo”. Los hallazgos demuestran que hubo relaciones entre sociedades con diferentes culturas e idiomas, pero con respeto, sin el interés de aprovecharse. “No existieron armas en Vichama, tampoco es una ciudad amurallada. Sin embargo, es recurrente la presencia de elementos culturales de la selva amazónica”, concluye Ruth Shady.
Expresiones simbólicas de civilización agropesquera de Végueta-Huacho
Esculturas elaboradas en arcilla no cocida e instrumentos musicales de viento hechos con hueso de mamífero, decorados con el rostro de un felino, son algunos de los hallazgos que revelan el vínculo entre la Civilización Caral y Vichama, sociedad agropesquera de Végueta-Huacho, se dio a conocer hoy.
En conferencia de prensa para dar a conocer avances en las investigaciones arqueológicas en esta civilización, en el marco del noveno aniversario del inicio de trabajos para su puesta en valor, la directora de la Zona Arqueológica Caral, Ruth Shady, reveló que ambas sociedades compartieron creencias y manifestaciones ideológicas.
Explicó que esta vinculación se extendió a lugares más lejanos en la sierra y selva de nuestro país. “Prueba de ello son los diseños y materiales con los cuales confeccionaron los objetos encontrados, tanto en el litoral como en el valle de Supe. La importancia de estos hallazgos radica en que nos ayudan a conocer aspectos de la organización social y del sistema religioso de la sociedad de Vichama”, manifestó.
Sostuvo que Vichama es una civilización agropesquera que data del año 1 800 a.C., siguiendo el desarrollo de la civilización Caral y de la que tiene elementos de continuidad, como es la plaza circular y los edificios con plataformas superpuestas. A la vez, presenta rasgos culturales propios que revelan el rol protagónico de la mujer, la adaptación al cambio climático, la relación intercultural con la Amazonía y la importancia de la música.
Ruth Shady explicó que la mujer tuvo un papel trascendente, con equidad de género en esta civilización. “Aparece una mujer muy importante, una especie de sacerdotisa y es recurrente en varios edificios del asentamiento y del valle de Supe, por lo que podemos inferir que lograba ocupar posiciones políticas importantes dentro de la sociedad”, señaló.
Otra característica que destaca entre los hallazgos de Vichama, está asociado al cambio climático y la importancia que tuvo el recurso marino para supervivir frente a la sequía y le crisis del agro. Esa memoria colectiva está registrada en 34 figuras modeladas en un salón ceremonial del sitio, que representan todos los efectos dramáticos de este fenómeno natural.
“Por eso es muy importante que se conozca este sitio porque de ese modo, se podrá también reflexionar sobre el cambio climático en el futuro, ya que estos pueden perdurar entre 60 y 120 años, según las investigaciones científicas”, sostuvo Ruth Shady.
Posterior a ese cambio climático, se aprecia que el edificio principal de aquella época fue enterrado completamente y se construyó uno encima con la fachada hacia el lado este, que es por donde fluyen los ríos. Con una visión de querer contrarrestar al cambio climático, la sociedad Vichama cambió la arquitectura.
También se han descubierto una serie de rasgos e íconos provenientes de la Amazonia. Existen evidencias que ha habido una relación transversal entre la costa y la selva que sobresale por una reciprocidad intercultural entre ambas regiones en condiciones de paz, sin sometimientos.
La importancia de la música, es otra particularidad que revelan las investigaciones en Vichama. Se han encontrado una serie de flautas traversas con representaciones similares a las de Caral, lo que demuestra la importancia que ha tenido la interacción entre los humanos y sus deidades a través de los sonidos.
Sostuvo que la investigación arqueológica y los trabajos de conservación de los monumentos de Vichama, buscan recuperar y poner en valor los diversos conjuntos de edificios públicos y residenciales que componen este sitio arqueológico.
Entre los recintos destacan el edificio “Las Hornacinas”, en el cual se encuentran el Salón Ceremonial con Relieves Murales y el Salón Ceremonial del Sapo Humanizado; así como el edificio “Las Chakanas” y el edificio “Los Depósitos”.
Programa cultural
Shady Solís brindó también detalles del programa cultural para conmemorar el noveno aniversario del inicio de los trabajos de la puesta en valor, a realizarse el viernes 26 y sábado 27 de agosto de 2016, en el sitio arqueológico ubicado en el distrito de Végueta, provincia de Huaura.
Afirmó que el objetivo del programa cultural es dar a conocer los avances alcanzados en los trabajos de investigación, conservación y difusión de los valores de Vichama, así como los otros atractivos turísticos del distrito de Végueta, como el Museo Comunitario, la playa Tambo de Mora, donde desembarcó la Expedición Libertadora de San Martín.
Asimismo, la isla Anat o Don Martín; la Albufera de Medio Mundo, donde se integra en un solo paisaje el humedal, aves migratorias, la playa y el desierto. Esta celebración permitirá exhibir artesanía tradicional y gastronomía veguetanas.
De acuerdo al programa establecido para este noveno aniversario, se tienen previstas las siguientes actividades:
Viernes 26 de agosto
Desde las 5:00 p.m. hasta las 9:00 p.m.
Concentración en la Plaza de Armas de Végueta.
Concurso y paseo de faroles. Se premiará el farol más creativo que integre en su manufactura elementos culturales de Vichama.
Escenificación del “Mito Vichama”, a cargo de los estudiantes del colegio Fray Melchor Aponte, de Végueta, y del personal de la Zona Arqueológica Caral-sede Vichama, bajo la dirección de Freddy Pajuelo, profesor de teatro del Centro de Arte y Cultura de la Universidad Nacional “José Faustino Sánchez Carrión” de Huacho.
Ceremonia tradicional de agradecimiento. Un ritual de la tradición andina mediante el cual se agradece por los bienes recibidos y de renovación, a cargo del Ayllu Surimanta. Luego se escenificará la danza festiva “Chimaychi.
Sábado 27 de agosto
Desde las 9:00 a.m a 4:00 pm se realizará el festival cultural “Vichama Raymi”, así como la presentación de los valores culturales y sociales de Vichama a través de la visita guiada al Museo Comunitario de Végueta para una aproximación al conocimiento del sistema social que se viene recuperando en Vichama.
También se visitará el sitio arqueológico de Vichama para apreciar mediante los resultados de la investigación y conservación de los monumentos, la historia social de este importante centro.
Otra actividad programada es “Catu Vichama”, exposición y venta de productos artesanales y agropecuarios de los pobladores de Végueta, Huaura, Huacho, Carquín, Caleta Vidal, Supe-Caral y Supe Puerto. En esta feria se podrán apreciar los productos de los pobladores y creaciones de los participantes en los talleres de responsabilidad social que la Zona Arqueológica Caral desarrolla.
Las celebraciones culminarán con el “Runa Raymi” con presentaciones artísticas de la población local y del taller de tradición musical sobre los orígenes de la civilización Caral y artistas invitados, inspirados en el patrimonio cultural de Vichama. También participarán las danzas creativas de los trabajadores de las sedes de la Zona Arqueológica y los caballos de paso del fundo El Olivar.
Cómo llegar a Vichama
Para conocer Vichama, se debe ingresar por la antigua carretera Panamericana Norte, a la altura del kilómetro 159, al distrito de Végueta. Se sigue por una vía señalizada hasta el sitio arqueológico. El tiempo estimado de viaje desde Lima es de tres horas.
El centro arqueológico está provisto de un circuito de visita y orientadores turísticos locales, además de un Centro de Recepción de Visitantes, que cuenta con estacionamiento para autos y buses, servicios higiénicos, comedores, una tienda de recuerdos y publicaciones.
La Zona Arqueológica Caral también ha dispuesto un programa de viajes educativos para estas fechas. Para mayor información puede comunicarse con la Oficina de Promoción Turística al teléfono: 205 2517 o al correo electrónico: viajeseducativos@zonacaral.gob.pe
La ciudad más antigua de América, en Perú, ya intentaba ser una urbe sostenible hace 5.000 años
Sobre una terraza polvorienta, aparentemente inútil para vivir, está la vieja ciudad, con sus muros, su anfiteatro, sus calles, sus casas, sus escalones. Con su aura literalmente milenaria. Hace 5.000 años, en este lugar,ubicado a unos 150 kilómetros al norte de Lima, vivían cientos de personas que no conocían la rueda, que tenían una cerámica incipiente y solo unas cuantas estatuillas. Pero abrigaban una clara intuición ambiental en su vida personal y social,.
Por eso Caral, la ciudad sagrada de toda una civilización que creció en este valle costeño hace esa montaña de años, se asentó en esta parte ligeramente alta desde donde se domina el horizonte y en donde se pueden evitar las inundaciones y hasta la invasión de mosquitos. Desde la que se planificaba el manejo de los ecosistemas: las tierras productivas más abajo de la ciudad, el bosque ribereño más abajo todavía y, al final, el río, fuente de vida y de peligro a la vez.
“Había allí un conocimiento que se fue acumulando”, sostiene Pedro Novoa, subdirector de Investigación y Conservación de Materiales Arqueológicos del Proyecto Caral, mientras comenta, con cierto asombro, cómo es que 50 siglos atrás ya existían ciertas nociones de conservación en el imaginario y la práctica de los gobernadores de esta ciudad. Una ingeniería sostenible, antiquísima pionera de los esfuerzos más elaborados de hoy en día.
El poner la zona habitada a esa altura, por ejemplo, hacía que la población se mantuviera a salvo de periódicas crecidas del vecino río hoy llamado Supe. En esta parte del Perú el agua no es abundante, viene estacionalmente de acuerdo con las lluvias que caen en la sierra, en las zonas altas. En junio o julio, el curso hídrico apenas puede ser un hilito miserable que no asusta ni a las gaviotas que revolotean por acá; en enero o febrero, en cambio, el torrente se desata.
Los caralinos lo sabían y, por eso, esta urbe ancestral de 32 conjuntos arquitectónicos y 68 hectáreas de extensión, se clavó en un altillo de tierra libre de amenazas fuera de los cauces aluviales y de una forma muy distinta a como, 45 siglos después, los conquistadores españoles se pusieron a tiro de crecidas. Un recorrido por estos recovecos llenos de historia permite apreciar que, en efecto, las posibilidades de una catástrofe acuosa a esta altura se tornan mínimas.
El propósito de conseguir agua, sin embargo, era máximo. Se procuraba un uso óptimo y “cada lugar estaba relacionado con un puquio (‘manantial’ en el idioma andino quechua)”, como declaró a la agencia Efe hace unos meses Ruth Shady, la arqueóloga peruana que ha explorado Caral y lo ha dado a conocer al mundo. Sabían cómo funcionaba la dinámica de los acuíferos y cómo se abastecían por ese mismo río que, en otras circunstancias, se convertía en una amenaza.
Más aún: no solo lo sabían sino que, ya en esos tiempos pretéritos, habrían puesto en práctica la técnica prehispánica denominada amuna (de amuy, una palabra quechua que significa retener), y que consiste en canalizar el agua de las lagunas de las partes altas de los Andes, donde no es tan escasa, para luego filtrarla a grietas o espacios en las partes bajas. De ese modo, los puquios siempre estarían allí, listos para el consumo humano o las labores domésticas.
Había, por añadidura y como sugieren Shady y Novoa, “visión de cuenca”. Es decir, que el recurso hídrico se administraba y se protegía no solo en la ciudad capital, sino también en Vichama, Áspero, Alpacoto, Miraya, Chupacigarro y Lurihuasi, otros asentamientos de la civilización Caral. Desde una de las partes más altas de una de las pirámides caralinas se comprueba claramente que desde allí el valle se atisba, se entiende, se domina.
El almacén del ayer
“A sólo un sol, señor”, canta una vendedora que ofrece una suerte de refresco congelado, envuelto en un plástico, que en Perú llaman «marciano». Está sentada en uno de los muros de la Ciudad Sagrada, bajo un sol algo aplastante y, por mucho menos de un euro traslada al visitante a una casi mística experiencia de sabor almibarado gracias a una fruta denominado lúcuma. Esta delicia, a su vez, nos conduce otra vez al torbellino de la Historia.
Era una de las frutas que ya se consumía por estos lares hace 5.000 años, junto con la guayaba o el pacae, del cual se han encontrado restos antiquísimos en las excavaciones, que son como rastros de los banquetes o comidas cotidianas de esos tiempos. La dieta, además de estas frutas consideradas exóticas por los extranjeros, incluía a su vez frijoles, zapallos, camotes (boniatos). Y sobre todo ingentes, productos marinos.
“No hay señales de que hayan consumido cuyes”, explica Novoa al referirse a la dieta de los habitantes de Caral. Es decir, no comían ni criaban la cobaya, un roedor de consumo habitual en la zona andina de Bolivia, Perú y Ecuador y frecuentemente usado sin clemencia en los laboratorios. Tampoco hay rastro de que hayan sido devotos de la carne de camélidos americanos (llamas, alpacas y otras especies). No, lo suyo eran las plantas y el mar.
Especialmente los peces. En una esquina de Vichama, uno de los asentamientos caralinos vecinos al mar, se comprueba al observar unas redes de pesca de cientos, o miles, de años de antiguedad. Parecen que aún funcionan, lo mismo que un anzuelo que sobrevivió a los siglos, y que en aquellos siglos perdidos habría servido para la captura de algunas especies. ¿Cómo es que estos ciudadanos milenarios llenaban su despensa y mantenían sus sociedades y sus familias?
Con la evolución de esta civilización, fue surgiendo una casta de sabios que sabían cómo manejar el ecosistema
“Había un cuidadoso tratamiento aplicado a la producción, conservación, almacenamiento y circulación de alimentos”, señalan los arqueólogos. Como en el caso del agua y la tierra, los productos diversos, marinos y vegetales se manejaban. El pescado, verbigracia, se salaba para ser conservado. Sobre todo si se trataba de la anchoveta, ese pececillo teleósteo de la familia Engraulidae, abundante en las aguas frías del océano Pacífico que baña las costas cercanas.
Shady y sus investigadores han determinado que este pescadito salado y algunos mariscos amontonados en cestas eran intercambiados por algodón de colores naturales. Los mamíferos marinos tampoco les eran extraños, al punto que algunos asientos ceremoniales están hechos de los inmensos huesos de cachalote. El mar era crucial, y a la vez era esencial saber cómo éste y otros ecosistemas evolucionaban y se transformaban.
Luchando contra el clima
Durante la COP 20, celebrada en Lima, Shady emitió una declaración contundente. Caral, de acuerdo a ella, habría sido “la primera ciudad sostenible a nivel mundial”. Desde hace 5.000 años, nada menos. Porque esa ubicación de la ciudad, ese manejo de las cuencas, ese cuidado con el agua y esa forma de almacenar los alimentos no podía ser casual. Sus habitantes sabían lo que hacían. Tuvieron, ya entonces, capacidad de observar e identificar los movimientos del clima.
De acuerdo a Novoa, con la evolución paulatina de esta civilización, “fue surgiendo una casta de sabios, de gente que sabía cómo manejar estos ecosistemas”. Ese privilegio les habría servido también para situarse en la cúspide la pirámide social, algo que parece notarse en la Ciudad Sagrada, donde son distinguibles casas más grandes, más pequeñas, espacios que parecen destinados a los sacerdotes y gobernantes, en tanto que otros son como callejuelas de pueblo.
Acumular ese poder, sin embargo, llevaba a esta clase a prever los avatares de vivir en este lugar semidesértico donde el agua no abundaba y había que ser previsor con la comida y la energía. Ya tenían una especie de seguridad alimentaria y, si lograron establecerla fue porque, a su tiempo y circunstancia, constataron que había fenómenos desbordados, como el que hoy se denomina El Niño. Hay indicios de que tuvieron que enfrentarlo corajudamente más de una vez.
El zapallo era parte de la dieta caralina. La seguridad alimentaria estaba basada en frutas, legumbres, verduras y sobre todo productos marinos.
El zapallo era parte de la dieta caralina. La seguridad alimentaria estaba basada en frutas, legumbres, verduras y sobre todo productos marinos. ZONA ARQUEOLÓGICA CARAL
Hoy mismo, en los pueblos vecinos saben que cuando aparecen ciertas especies como sapos o grillos es porque los cambios ambientales serán inminentes. El calor anómalo y la ausencia de especies marinas debido a la temperatura del mar es algo que les cayó encima en algún tiempo, al extremo que, como precisa Novoa, es probable que hacia el año 1.800 A.C. tuvieran que desplazarse a valles vecinos o a partes más altas, en donde el sustento estaba más a la mano.
“Tal vez parte de su declive se debió a que la dieta estaba anudada a especies como la anchoveta (que escasea cuando viene El Niño)”, anota el investigador. En Vichama hay un testimonio dramático de eso plasmado en unos frisos de barro, en donde aparecen unos personajes huesudos, desesperados, a los que se les pueden contar las costillas. En ese momento es probable que su diseño sostenible entrara en crisis, aunque sin duda lucharon por mantenerlo.
También supieron cómo manejar la energía del viento y el fuego, con el cual cocieron sus alimentos y montaron sus cultos, muy asociados a unos recintos que aparecen en varios lugares de la ciudad en los que se mantenían vivos unos fogones aparentemente sagrados. Para lograrlo, increíblemente ya conocían el Efecto Venturi, que sirve para reducir la presión de un fluido (el viento en este caso) al pasar por un conducto de diámetro más pequeño. Poco se les escapaba.
La eterna ciudad
Por si no bastara, las ciudades de Caral eran bastante asísmicas. Resistieron el paso de los siglos, cargados de terremotos feroces, gracias las construcción piramidal y a las shicras, que son como bolsas de piedras envueltas con cuerdas que. al producirse el movimiento. disminuyen su impacto. Usaron, por último, quincha —mezcla de troncos, cañas, barro y fibras vegetales—, un material que ante el evento telúrico dispersa las fuerzas y evita que proliferen los derrumbes.
“No hay indicios de que tuvieran guerras”, apunta Novoa, otro dato que abona la imagen de que fueron tan sostenibles que evitaron los conflictos generalizados. Lograron la cohesión social con estas prácticas, que requerían gran organización, y con una religiosidad asociada al fuego y a las jerarquías. Con una imaginación y una acción que hoy, siglos después, se tornan indispensables y que ahora parecen hablar desde esas paredes y escalinatas ancestrales que miran al cielo.
Caral es mucho más que la primera civilización organizada del Perú y América. Fue un pueblo que, a diferencia de las diversas civilizaciones de carácter expansionista y militarista que existieron en el Perú, fue pacifista y mantuvo magníficas relaciones con los pueblos vecinos.
Lo afirma categóricamente Ruth Shady, directora de la Zona Arqueológica Caral, quien al mando de un grupo de arqueólogos explora por más de 20 años entre los desiertos y valles de Supe, una zona olvidada por siglos, ENen la que han ido descubriendo una serie de construcciones piramidales, momias, figuras de arcilla y vestigios de lo que alguna vez fue la primera civilización precolombina de toda América, con cerca de cinco mil años de antigüedad.
Esto queda registrado en el documental “CARAL, el legado” que ha producido Agencia de Noticias Andina utilizando equipos de alta tecnología y drones que sobrevolaron la zona para captar impresionantes imágenes panorámicas. Un vídeo de 15 minutos que muestra la civilización más antigua de América a través de la mirada de sus arqueólogos. Una producción que Agencia de Noticias Andina estrena hoy para celebrar 35 años en la noticia.
Ruth Shady señala que durante casi 22 años de estudios y excavaciones se pudo determinar que la civilización Caral dejó un mensaje de paz para las generaciones venideras.
Cinco mil años después no se han encontrado vestigios de armas, ni de centros urbanos amurallados porque – según dice – no vivieron para la guerra y más bien los estudios arrojan que la antigua sociedad Caral mantuvo armoniosa relación y respeto, además de un fluido comercio de intercambio con otros pueblos de la sierra y de la selva.
Shady destaca también que la civilización se caracterizó por importantes cualidades como la visión del bien común, es decir la organización del colectivo social para beneficio compartido.
“Caral dio a la humanidad un gran aporte en cuanto a la equidad de género, de tal manera que la mujer tenía acceso a posiciones sociales igual que el varón, lo cual continuó a través del proceso cultural andino” sostiene.
Ciencia y tecnología
Caral nos legó una serie de conocimientos en ciencia y tecnología que se vieron reflejados en diversos aspectos de su civilización.
“Tuvieron un conocimiento en ingeniería estructural avanzado, con la construcción de edificios piramidales en los cuales se aplicó tecnología sismoresistente” sostiene la arqueóloga y añade que estos han perdurado en el tiempo sin deteriorarse, pese a que Caral se ubica en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico Sur.
Sorprenden al mundo en el campo agrícola a través de la intervención genética en el algodón nativo para obtener cuatro colores uniformes; actualmente este hecho sorprende e interesa al mundo empresarial.
En el campo de la medicina, fueron los pioneros del principio de la aspirina, pues según cuenta en el documental, se encontraron paquetes de sauce que utilizaban los antiguos caralinos como calmantes para el dolor de cabeza.
A puertas de cumplirse 22 años de los estudios y excavaciones en la zona arqueológica, Caral sigue llamando la atención de peruanos y extranjeros por la forma en la que su civilización logró adaptarse a un territorio difícil y lo acondicionaron para sobrevivir en el tiempo bajo una visión integral de armonía con la naturaleza, a la que nunca depredaron ni maltrataron, los caralinos tomaron solo los recursos necesarios para sus actividades y dejaron un legado que hoy sorprende al mundo.
Los arqueólogos entrevistados en el documental “CARAL, el legado” cuentan esa historia desde su propia experiencia, desde que llegaron por primera vez a formar parte de los trabajos así como lo que sintieron al ser protagonistas de valiosos hallazgos; que dejaron su vida por investigar y también cómo viven hermanados en la denominada casa del arqueólogo levantada cerca de sus excavaciones y compartiéndonos los conocimientos que nos dejaron los sabios caralinos hace más de 5,000 años.
El equipo de Agencia de Noticias Andina produjo este documental utilizando equipos de alta tecnología con cámaras HD y un drone que permite mostrar impresionantes imágenes captadas a más de 100 metros de altura y que muestran la grandiosidad de esa civilización.