Ruth Shady: “en Caral han producido conocimiento científico”

“Observaban el espacio sideral y tenían en cuenta el movimiento de los astros. En Caral hemos hallado un observatorio astronómico. Diciembre es un mes muy importante, porque se da el solsticio, que es cuando podían predecir cómo será el próximo año”, explica.

En el club de museos del colegio eran “solo dos gatos”. Uno de ellos, la entonces adolescente Ruth Shady. Cada cumpleaños recibía de regalo libros. Aún conserva las lecturas sobre Chavín y Garcilaso de la Vega que recibió de niña. Le gustaba estudiar y ya vivía fascinada por el pasado. Terminó la secundaria con excelencia.

En la mañana estudiaba Arqueología y Antropología. Su padre fue su mayor inspiración. En la tarde seguía Inglés y en la noche, Pedagogía. Esta última carrera porque su madre le dijo que estudie una profesión que le dé trabajo. Hoy, no solo tiene trabajo, sino, además, ha publicado unos 200 libros y es directora de la Zona Arqueológica Caral, la primera civilización de América.

Llego a las oficinas administrativas de Caral, en La Molina, y en la zona de ingreso está una de las mascotas (un perro peruano) que la doctora Shady ha recogido de la calle. En casa tiene otros seis perros que también los rescató de malos dueños o en estado de abandono. Me dice que no hay consciencia de identificación con los animales, pero que la indiferencia no es solo con ellos, sino entre los seres humanos.

¿Esa sensibilidad también hay que tenerla para ser un profesional de la arqueología?

La sensibilidad por la arqueología proviene de mi padre, que nos llevaba a los pueblos antiguos. Él era de República Checa (llegó a Perú por la Guerra Mundial), pero tenía mucha admiración por el patrimonio del Perú. Me llevaba a las poblaciones y me decía: “Mira, hija, cómo han sido tus antepasados y cómo hasta el día de hoy se mantienen sus construcciones”. Yo era pequeña, tendría 8 años.

¿Nuestros ancestros también fueron indiferentes?

En el pasado no eran así. Había organización de las poblaciones; es decir, el colectivo social era organizado. Había autoridades sociales, no se esperaba que todo lo hicieran los políticos. Los centros poblados tenían su organización. Era el caso de Caral y hasta la época inca.

Hoy nuestra civilización celebra el cambio de año. ¿En Caral cómo era el concepto del tiempo?
Era otra visión de la vida. Ellos observaban el espacio sideral y tenían en cuenta el movimiento de los astros. Hemos hallado un observatorio astronómico. En las noches, los expertos miraban los cambios que se iban dando hasta que se dieron cuenta de que podían generar un calendario y prever los efectos de los cambios climáticos. Los solsticios y equinoccios fueron básicos. Diciembre es un mes muy importante, porque se da el solsticio, que es cuando estaban observando y podían predecir cómo será el próximo año: si habrá agua o no. Hubo un cambio climático muy intenso, que ocasionó la crisis y colapso de Caral. Más o menos ocurrió hacia los años 1800 antes de Cristo. Estamos investigando.

¿En Caral había un punto de quiebre en el tiempo que representara algo así como un año nuevo o volver a empezar?

Eso es verdad. Hemos encontrado espirales representadas en piedras, talladas, y también hemos encontrado dos espirales muy grandes, que han sido representadas en la parte saliente de Caral. Son como geoglifos, una es circular y otra cuadrangular. Cada circuito representaría una época.

¿Y cuánto duraba cada ciclo?

No sabemos aún. Pero tenemos un anfiteatro, una plaza circular hundida. Cuando uno se para en el centro con un péndulo, este se queda quieto. Cuando se camina de la plaza central hacia el muro, en el lado derecho, el péndulo hace círculos hacia la derecha. Lo mismo sucede hacia la izquierda. Ellos han construido teniendo en consideración la energía que quizá emana de los cerros. No sabemos hasta ahora la causa. Pero justamente ese centro está relacionado con energías de dos cordilleras que en determinadas circunstancias, en las noches, emanan como dos luces, que llegan hasta la zona central, se detienen y vuelven a los cerros. Es como una energía física producida por algún movimiento de minerales. Es mi interpretación. Todas sus construcciones están alineadas con determinados astros.

Es un nivel de perfección que limita con la ciencia.
Han producido conocimiento científico, porque han tratado de dar solución a los problemas. Eso es ciencia. No han sido artesanos únicamente. En los edificios más importantes y en la misma zona de viviendas había un altar con ductos de ventilación subterráneos. Cuando un físico lo vio, se agarró la cabeza (en señal de asombro). Esos ductos captaban la energía del viento a través de conductos subterráneos orientados para generar un fuego de alta intensidad. Y el científico me decía que ese principio es el que se aplica en los aviones.

Esta es temporada de balances y proyecciones. ¿Qué nos enseña Caral al respecto?

Eso se llama planificación. Hemos encontrado una maqueta que representa a un centro urbano, hecha de arcilla, grande, donde se ven los edificios, las calles, las plazas circulares, etc., y eso nos indica que ellos no hacían las cosas de manera improvisada, sino que tenían el diseño que les permitía calcular cuánta mano de obra iban a necesitar, cuánto de material y tiempo. Caral tuvo organización social, del espacio, respeto por la tierra, el agua y la naturaleza, que lo hemos ido perdiendo.

¿Qué más tiene por darnos Caral?

Estamos recuperando la información de cómo se manejó el territorio en el pasado, qué productos fueron domesticándose, tratando de que se le dé importancia al algodón de colores. Nadie conoce cómo se cultivó la chira; sin embargo, en países como Colombia hasta la exportan, y estuvo en Caral, domesticada.

¿Y qué más tiene por darnos Ruth Shady?

¿Yo? (Risas). Quisiera tener más vida para trabajar en lo que me gusta: recuperar nuestra historia social para generar reflexiones sobre lo que fuimos y los logros que tuvimos, y lo que hacemos en el presente y cuáles son las condiciones de vida que debemos cambiar.

Autoficha:

  •  “Soy la hija mayor de cuatro hermanos. Mi mamá nació en Pacarán, Cañete. Nací en Bellavista, Callao. Estudié en la Gran Unidad Escolar Juana Alarco de Dammert, luego en San Marcos y empecé a trabajar como arqueóloga e investigadora en el Museo Nacional de Antropología y Arqueología, durante unos 20 años”.
  • “Cumplí 73 años de edad este 29 de diciembre. Soy la única de la familia que se dedicó a la arqueología. Tengo dos hijos economistas. Fui jefa de prácticas de José Matos Mar, quien me invitó a hacer mis prácticas en el Instituto de Estudios Peruanos (IEP)”.
  • “Hemos sacado una publicación para diferentes públicos, que se llama El buen vivir de la civilización Caral. He publicado unos 200 libros. Si uno no está produciendo, para qué se investiga. Hay que transmitir ese conocimiento. Enseño en San Marcos y estoy encargada de la Dirección de Arqueología”.

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Fuente: Perú 21

Fecha de publicación: 04/01/2019