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El Proceso de la Conservación de Monumentos

Dentro de la política de investigación, la Zona Arqueológica Caral considera a la conservación de los sitios intervenidos como un aspecto fundamental que no debe ser dejado de lado. Para esta actividad se toman en cuenta lineamientos teórico- metodológicos regidos por documentos internacionales sobre la conservación del patrimonio edificado.

La Zona Arqueológica Caral, con la participación de un equipo multidisciplinario de especialistas en conservación, ha acogido los principios de conservación inspirados básicamente en la Carta de Venecia (1964-65), complementados por la experiencia de fin de siglo recogida en posteriores cartas adoptadas por ICOMOS, donde destacan las guías de conservación y gestión de la Carta de Burra (en sus tres actualizaciones, de 1979-81-88 y 99) y la Carta de Zimbabwe (2003), aplicados a la realidad propia de las condiciones de la ciudad antigua y del ambiente en el que está ubicada.

Contexto

Es evidente que la destrucción sísmica de la herencia patrimonial es mayor en las obras edificadas en tierra o piedra asentada con barro, en comparación con las construidas de cualquier otro material. Tres hechos destacables permiten definir el problema de la mayor ocurrencia de daños en las construcciones monumentales de tierra ubicadas en áreas sísmicas y el reto de conducir exitosamente la compleja tarea de su intervención para evitar la pérdida irreversible del valor monumental de la Ciudad Sagrada de Caral:

  • El carácter único de las construcciones de tierra o de piedra asentada con barro, por su debilidad, fragilidad y vulnerabilidad. La albañilería de adobe o piedra con mortero de barro resiste alrededor de 10 veces menos que la de ladrillo quemado.
  • La gran coincidencia, en el mundo, entre la ubicación de las obras monumentales de tierra y la actividad sísmica, como es el caso de la Ciudad de Caral y de la mayoría del inmenso patrimonio cultural del Perú. Las fuerzas de inercia o sísmicas, producen esfuerzos en las estructuras que son mucho más grandes que las diseñadas solo por fuerzas de gravedad. Este hecho causa agrietamientos y fallas en los elementos estructurales que pueden llevarlos a colapsos parciales y totales.
  • La no distinción del tratamiento de conservación del patrimonio edificado ubicado en áreas de actividad sísmica y no sísmica, en las Cartas Internacionales de Conservación (adoptadas por ICOMOS), especialmente en el caso único de la construcción en tierra o piedra asentada con barro. La velocidad del daño patrimonial en las áreas sísmicas es muy diferente al de las áreas sin actividad sísmica. La recurrencia sísmica produce acumulación del daño estructural hasta niveles de colapso y desaparición del valor patrimonial.

Restauración y Conservación

Algún día la actividad de conservación más importante de la ZAC llegará a ser meramente preventiva y basada en el mantenimiento de un respetado patrimonio, que irradiará conocimiento histórico y formación a la región y al mundo. Actualmente es necesario desarrollar actividades de restauración y conservación en los monumentos arqueológicos intervenidos.

La restauración es un proceso operativo técnico científico multidisciplinario que, siguiendo una metodología crítico-analítica, tiene por objeto recuperar y transmitir los valores históricos y estéticos bajo estricto respeto a las evidencias auténticas. La restauración termina donde comienza lo hipotético. Siempre se destaca la vocación de restaurar antes que reconstruir.

Sin embargo, se tiene en cuenta, por lo expresado más arriba, una importante sentencia de la Carta de Venecia: “… es esencial que los principios que dirigen la conservación y la restauración de los monumentos sean consensuados y formulados en una dimensión internacional, siendo cada nación responsable de aplicar una planificación dentro del marco de su propia cultura y sus tradiciones”, al que agregaríamos las condiciones geomorfológicas, ambientales y sísmicas de su territorio.

Los principios y criterios específicos aplicados a las actividades de restauración son los siguientes:

  • La restauración termina donde comienza lo hipotético. En este sentido, no se realizan completamientos en el monumento arqueológico si los datos de las investigaciones arqueológicas no son suficientemente claros, ni se consideran válidos los completamientos por analogía, tipología, estilística y menos por motivos turísticos.
  • La restauración siempre está precedida y acompañada de un estudio arqueológico e histórico del monumento, del estado que presenta al ser excavado, y de las condiciones del medio natural en que se encuentra.
  • En las intervenciones se toman en cuenta el respeto a los componentes arquitectónicos del monumento, sus materiales, tipología constructiva, los resultados de los análisis y las relaciones con el medio ambiente.
  • Los añadidos indispensables se adecúan lo más posible al contexto. Se diferencia discretamente lo nuevo de lo antiguo.
  • Debido a la naturaleza de los materiales y los diversos sistemas constructivos empleados en los monumentos a través del tiempo, los principios de restauración se aplican bajo los indicados criterios, y caso por caso, con asesoramiento del arqueólogo investigador.
  • La reintegración o reposición de elementos dispersos solamente se efectúa cuando se tiene la certeza de su ubicación original y en los casos que se requiere reponer la estabilidad estructural del conjunto monumental o sus componentes.
  • Los trabajos de restitución se limitarán a los casos comprobados e indispensables para garantizar la estabilidad parcial o global sismorresistente, y siempre considerando la condición pretérita conocida. De preferencia se recurre a la recomposición de las partes existentes desmembradas y, solo si resulta inevitable, es mínimo el reforzamiento permanente, y este es reversible. En esta clase de intervención se considera la recurrencia sísmica y el conocido efecto acumulativo del daño estructural.
  • Los elementos de integración deben reconocerse siempre y constituyen la intervención mínima necesaria para asegurar las condiciones de conservación del monumento y restablecer la continuidad de sus formas.

En cuanto a la conservación (o mantenimiento), es evidente que el trabajo de conservación no termina con la primera intervención: más bien se inicia con ella. Para preservar la obra arquitectónica se debe realizar un plan de mantenimiento permanente, para ello es imprescindible el monitoreo de todas las estructuras que la conforman.

El mantenimiento implica trabajos de limpieza, cuidado de pisos o pavimentos, desalinización y resanes.

La protección física incluye actividades que prevén la seguridad contra robo o vandalismo o cualquier otra acción negativa producida por el hombre; ataques ambientales como el viento, garúas o lluvias, arena, humedad, y radiación; y deterioro por presencia de animales. Algunos tipos de protección son: coberturas, paravientos (de piedra, material orgánico o sintético) y plantación de cortinas de árboles.

Junto con la cuidadosa observación de los principios y lineamientos antes expuestos, en la Ciudad Sagrada de Caral, Patrimonio Mundial, se han aplicado los siguientes métodos y técnicas de conservación:

  • Análisis fotogramétrico preliminar y monitoreo.
  • Conservación de estructuras de quincha.
  • Mantenimiento integral de componentes y superficies de quincha.
  • Conservación de paredes de quincha.
  • Resane de roturas y pérdidas de mortero y enlucidos.
  • Tratamiento de pisos.
  • Reposición fidedigna de mampuestos líticos en muros y plataformas.
  • Conservación de enlucidos externos e internos.
  • Conservación de enlucidos y esculturas sobre superficies planas de barro.

 

 

 

 

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